Ven…
Te extraño.
Las calles tardes vomitando plomo
aún te esperan arañando la tierra.
Ven…
No acudas a mis sueños, no;
sólo ven, como tú existes:
huraña – efímera como la niebla.
Ven…
Te extraño.
Las plomas calles, tácitas de amor,
lamen mis sudores de impaciencia.
Ven…
No dejes que el olvido me carcoma,
y la sangre del crepúsculo
llame a guerra. Ven,
aún aguardo. Ven…
no olvides que el silencio es virus.
Y el desdén de piedra.
¡Ven.
Sólo ven…
como tú existes:
huraña – efímera como la niebla…!
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