La noche ya no es un témpano, y te extraño
aquí, frente al computador, a la taza de café
que espero tomes conmigo alguna noche. Ahora
que tal vez estés durmiendo y soñando conmigo,
mirando minuciosamente cada cosa mía:
mi desorden, mis sueños desde tu ventana,
desde tus libros de economía, desde tu boca bonita.
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